
Han pasado tres cosas que me han llevado a reflexionar sobre lo absurdo de la vida.
No me alcanzan los días para todo lo que tengo que hacer. A mí me gustan mucho las mañanas porque las mañanas hablan de comienzos, de sol, de esperanza. De sorpresas. Pero no me alcanza la mañana. Salgo a correr apenas me levanto. Regreso y desayuno mirando mis videos de geopolítica (todo lo que está pasando se corresponde a un plan diseñado con antelación por unos pocos), y me baño para empezar a trabajar…
Pero el día pasa sin que te des cuenta.
Lo mismo ocurre con la vida en su totalidad: cuando abres los ojos descubres que ya la vida, tu vida, está declinando, y que no queda mucho tiempo. Entonces piensas, ¿en qué se fue mi vida si no he terminado de hacer lo que he querido hacer?
Los miedos que paralizan tu percepción
Ayer hice una publicación en FB en donde cuento que decidí terminar lo más pronto con todo lo que me falta. Y publico una foto de mi plataforma.
Yo he vivido prácticamente toda mi vida con miedo. Y hoy descubro que ese miedo que yo atribuía a los fantasmas que pueblan mi mente, de los que huía ferozmente, es en realidad miedo a enfrentar. ¿Enfrentar qué? A enfrentar a los fantasmas que pueblan mi mente.
Se me ha ido toda la vida en descubrirlo, y lo descubro cuando empieza mi declive. Por eso digo que la vida es absurda: te pasas dando vueltas rodeando aquello que te asusta, pero sin verlo realmente cómo es. Y lo descubres cuando el tiempo pasó. O casi.
Lo que logras a pesar de tu miedo, ¿a dónde va?
Si alguien me dijera que haga una lista de lo que yo considero mis mayores logros, ninguno de esos logros que para mí importan, son externos.
Puedo decir que he aprendido a gestionarme (excepto a mi miedo, que lo hago hasta ahora). Gestionar mis emociones. Conocerme profundamente. Crecer desde adentro.
Si alguien me dijera que al final hay un juicio en donde te preguntan qué has hecho con tu vida, yo tengo eso que para mí es la razón de venir aquí y la razón de irme.
Pero…
A veces, en el ruido de la matrix, en la prisa de la matrix, eso que para mí es un tesoro, no tiene la más mínima importancia.
Entonces cuentan otras cosas. Cosas que vas acumulando. Experiencias. Conocimiento.
Y ¿qué pasa con todo lo que acumulas cuando llegas al final de la vida?
Gustavo
Ayer me escribió un amigo para contarme que mi amigo Gustavo había muerto el día anterior de un infarto fulminante. Así. Nada más.
Y encuentro una publicación en FB de otro amigo citando la noticia y hablando de que había muerto uno de los grandes del teatro…
Gustavo murió, pero no se llevó con él todo lo que acumuló. ¿Para qué entonces acumularlo? ¿Para qué llenarnos de cortisol en esa lucha por correr para hacer, para demostrar, si cuando te mueres, nada más te vas y lo demás, se esfuma como pompas de jabón?
Mi conclusión
La vida no tiene sentido, como dijo Víctor Frankl, el sentido se lo inventas vos a la vida para que sientas que valga la pena vivir la vida.
Vinimos a este mundo a experimentar la vida que escogimos antes de nacer. Es más, vinimos a vivir un aspecto de la vida que la Conciencia Universal quiso experimentar. Nada más.
Lo demás es superfluo. Lo demás es accesorio. ¿Qué piensan ustedes?