Lo único cierto que tenemos es el presente. Si somos conscientes de este hecho, ya habremos ganado mucho para nuestra vida.

Pero lo olvidamos. No lo tenemos presente. Y muchas veces nos dejamos arrastrar por cosas del pasado como si fuéramos hojas que lleva el viento de acá para allá.

El pasado puede volverse nuestro más encarnizado enemigo cuando estando en el presente nos permitimos retroceder.

Es la mayor agresión que podemos hacernos a nosotros mismos.