Hablemos de la vida

Hacer a los demás lo que te gustaría que te hicieran a tí

Hola. Una vez más les quiero contar algo que aprendí de mi maestro, John de Abate. Siempre lo cito porque él fue la persona más importante en mi vida. Dejó una huella indeleble y aunque parezca que está muerto, no lo está porque vive en mi corazón.

John siempre decía que las diferentes religiones tenían una característica común: que pedían hacer a los demás lo que te gustaría que te hicieran a tí. A menos que estemos muy enfermos, siempre vamos a querer para nosotros lo más amoroso, lo más justo, lo más necesario, lo más inteligente.

Años después, escuchando a Garnier Malet, a propósito de los futuros peligrosos, le oí decir lo siguiente: “debemos pensar en hacerle a los demás lo que nosotros queremos que piensen los demás en hacernos a nosotros” Tiene tanta razón. Cuántas veces llegamos donde alguna persona y le contamos nuestros planes o nuestros triunfos o lo que sea que queremos o tenemos y no nos damos cuenta que a lo mejor esa persona está pensando: “ojalá no lo logre”, “ojalá lo pierda”, mientras con hipocrecía nos sonríe y nos dice: “te felicito”. Esa es la razón por la que no debemos de contarle a nadie nuestros planes o proyectos. Porque la energía de la envidia puede arruinar todo lo que deseamos conseguir.

Pensando en John nuevamente, recuerdo la primera vez que lo conocí. Estaba hablando del primer principio universal del hermetismo: “El Todo es mente, el universo es mental”.

Cuesta mucho entender eso, y si están interesados en entender, les puedo decir que consigan un libro que se llama: El Kybalion. Ahí está muy bien explicado.

Nosotros somos una creación del Todo, que muchos llaman Dios. Es lo mismo. Pero no tiene forma de hombre. No está sentado en una nube. No siente cólera. No tiene características humanas y sin embargo, reúne dentro de sí todas las características. El todo es una mente. Un espiritu. Es todo y fuera de él no hay nada. Somos una creación mental. Vivimos dentro de él y él vive dentro de nosotros. El es nosotros y nosotros somos él. Vivimos separados por cuerpos, pero nuestro ser esencial es una chispa que debemos aprender a manifestar.

Todas las personas que somos reales tenemos esa chispa. Tenemos un doble que está en planos más sutiles, que es quien tiene la inmortalidad. Debemos (nuestra chispa, nuestro ser esencial) unirnos al doble para retornar a la fuente. Al Todo.

Si olvidamos los cuerpos que nos separan, todos somos iguales: chispas divinas, pequeños fractales de la fuente. ¿Por qué entonces hacernos daño?

Estamos viviendo en este momento, la creación mental de un grupo fortalecido por los arcontes (en el siguiente blog hablo de ellos), que creen que son los dueños de la tierra y necesitan exterminarnos porque sienten que estorbamos y que peligran sus recursos. Recursos que también son nuestros y que en realidad no son de nadie y no existen sólo como una ilusión, porque todo es energía.  El Todo es energía e información. Eso es Dios.

El caso es que estas personas se han adueñado de todo en el planeta: del petróleo, del control del dinero, del oro… Y son los dueños de los medios de comunicación, que nos desinforman, que nos deforman y nos meten miedo.

Todo lo que vivimos es una mentira. Creada por estas entidades. Nos han inculcado que somos seres débiles que no podemos nada y nos mantienen divididos: las mujeres contra los hombres, los heterosexuales contra los homosexuales, los protestantes contra los católicos, los católicos contra los musulmanes, los musulmanes contra los judíos, negros contra blancos… Si nos mantienen divididos nos debilitan.

Todo es maya, ilusión pura. No lo olvidemos. Incluída la sensación y percepción de separación unos de otros. Si pensamos en hacerle algo a alguien, en realidad nos lo hacemos a nosotros mismos.

Para liberarnos de esta sensación y percepción de que estamos atrapados, debemos vibrar muy alto. Y vibramos alto cuando sentimos emociones positivas. La emoción más poderosa es el amor. Ama al prójimo como a tí mismo.

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